Hola, soy Borja Fernández y esto es Hacemos Cosas Club, el newsletter semanal para entender cómo afecta el mundo digital a empresas industriales y B2B.
La sesión #61 del Club tiene 1.716 palabras. Tiempo de lectura: 7 minutos.
Te avisé de que venía sorpresa. Esta semana cedo el Club a una invitada: Cristina Laiglesia, Head of Sales en Imascono.
En Hacemos Cosas colaboramos con Imascono desde 2020, y ahora desarrollamos juntos agentes IA para nuestros clientes. Cristina ha trabajado en los dos lados de la mesa: primero en fábrica y después en tecnología. Por eso te trae un caso real, el de una empresa industrial familiar que usó la IA para algo menos vistoso que un chatbot y bastante más importante: evitar que su conocimiento se jubile con sus veteranos.
Te acompañamos al futuro
Llevo doce años en el sector industrial. Y antes de sentarme en el lado de la tecnología, estuve en el lado de fábrica, concretamente en una empresa industrial con más de un siglo de historia, especializada en dar una segunda vida a materiales reciclados y convertirlos en soluciones de embalaje para medio mundo. Allí vi de cerca lo que implican los procesos, la maquinaria, los plazos y los equipos. Equipos que llevan muchos años trabajando de la misma forma. Y trabajando bien.
Entiendo lo que cuesta cambiar una sola pieza de un proceso que funciona. Aunque todavía tenga margen de mejora. Por eso, cuando di el salto al sector tecnológico y empecé a sentarme frente a responsables de empresas industriales, de distribución y de retail, entendí enseguida qué había detrás de la gran pregunta cuando hablábamos de Inteligencia Artificial:
«¿Esto para qué me sirve a mí? ¿Y qué me va a suponer? En dinero y en dolores de cabeza».
En Imascono partimos de esa pregunta. Buscamos acompañar a las empresas en su camino hacia el futuro. Paso a paso. Con cada cliente. Con cada proceso. Y si hoy escribo este artículo es para contar un caso real. El de una empresa industrial que decidió cambiar. Y a la que acompañamos durante ese proceso.
El reto de transformar una forma de trabajar
Imaginad un holding industrial familiar dedicado a la transformación del metal y el acero, con piezas y estructuras para sectores tan exigentes como la automoción o la logística. Fundada por una generación que construyó todo a base de oficio. Ahora la dirige la segunda generación que ha heredado las máquinas, los clientes y también una forma de trabajar. Una forma que ha dado muy buenos resultados durante décadas, y que sigue funcionando hoy. Pero la dirección pensaba en el futuro de la fábrica, y sabía que había varios retos pendientes.
Cuando nos llamaron y conocimos su día a día, encontramos algo que se repite en muchas pymes industriales. El conocimiento más valioso de la empresa no estaba en ningún sistema. Estaba en la cabeza de dos o tres personas.
El proceso comercial funcionaba así. Llegaba un cliente con unas especificaciones. En muchos casos, la oferta se preparaba sin haber dibujado siquiera la pieza en 3D. Se hacía a ojo. Con una hoja de cálculo y con la experiencia de quien llevaba treinta años calculando tiempos y materiales de memoria. Funcionaba porque esa persona estaba ahí. Pero esa persona, como en tantas empresas industriales españolas, se acercaba a la jubilación.
Una vez confirmado el pedido, la oficina técnica diseñaba la pieza en 3D, pero este diseño no estaba conectado con el sistema de gestión. La información debía trasladarse manualmente, lo que generaba trabajo duplicado y un alto riesgo de errores en materiales, tiempos, listas de corte y planos.
El camino: de lo manual a lo autónomo
Cuando empezamos a hablar de digitalizar parte de estos procesos, la reacción inicial fue cautela. La primera preocupación fue el coste. No solo en términos monetarios, sino también cuánto cuesta parar, aunque sea un poco, algo que funciona todos los días. La segunda tenía que ver con la implicación interna. ¿Quién va a mantenerlo? ¿Quién tiene que aprender a usarlo? Y la tercera era, quizás, la que más preocupaba: ¿Esto va a sustituir a mis técnicos? ¿Al jefe de taller de toda la vida?
Nuestra respuesta siempre es la misma. No se trata de meter más tecnología. Se trata de incorporar la tecnología adecuada para cada reto. Y hacerlo en el momento adecuado.
En Imascono trabajamos con una gráfica que nos permite analizar la madurez digital de una empresa. Lo hacemos a nivel general, pero también por departamentos y procesos. Esta gráfica marca el camino, de lo manual a lo autónomo, pasando por sistemas conectados y sistemas inteligentes. Es el mismo camino que recorrió esta empresa. Poco a poco. Midiendo cada cambio. Analizando cada resultado. Probando y ajustando. Así fuimos digitalizando cada proceso.

Y los agentes IA, ¿dónde encajan?
En cualquiera de los escalones. Conviene explicarlo, porque el término se usa ya para casi todo.
Un chatbot sigue un guion. Un agente IA entiende cómo funciona tu negocio y actúa dentro de tus herramientas reales, como el ERP, el CRM, la web o el correo: consulta información, responde y ejecuta tareas. Además, deja registro de cada paso: qué hizo, cuándo y por qué.
No hace falta estar en el último escalón para usarlo. Un agente puede conectar dos sistemas que hoy no se hablan, proponer la opción más eficiente con datos históricos o ejecutar él solo una tarea repetitiva. Lo que cambia de un escalón a otro no es la tecnología, sino cuánta autonomía le das y en qué momento decide una persona.
En la práctica, vemos tres caminos para empezar:
Puertas adentro, en los procesos. Cruzar datos entre sistemas, preparar documentación o seguir pedidos. Con un agente propio hemos reducido un 80% las horas que dedicamos a preparar memorias técnicas.
Con la plantilla. Formar a los operarios y resolver sus dudas en su idioma y en su turno. En Grupo Jorge, un agente ha formado a más de 5.000 operarios en 40 idiomas, en sus 12 centros productivos.
Con clientes y red comercial. Responder consultas técnicas a cualquier hora. En IVECO, el agente IRIA gestiona el 90% de las consultas de su red de concesionarios.
El mismo camino que siguió esta empresa: de procesos manuales a una operación que se ajusta sola.
La empresa partía del escalón manual. Las ofertas se hacían a ojo, con Excel y con la experiencia acumulada. El diseño en 3D tampoco estaba conectado con el sistema de gestión.
El siguiente paso fue conectar los sistemas. Y llegó por dos vías: una herramienta que compara nuevas ofertas con proyectos anteriores y una integración entre el diseño 3D y el ERP que automatiza materiales, planos y tiempos de producción.
Con los datos ya conectados, llegó el siguiente escalón: el inteligente. Aquí los datos empiezan a ayudar a decidir. Permiten hacer estimaciones más precisas, mantener la trazabilidad de todo el proceso y comparar distintas alternativas de producción. El objetivo es avanzar hacia un sistema que simule, proponga las opciones más eficientes y deje la decisión final en manos de las personas. Ese es, precisamente, el trabajo que puede hacer un agente IA: preparar el primer borrador de cada oferta a partir de los proyectos anteriores, para que el técnico lo revise y decida.
Digitalizar también es preparar el relevo generacional
Aquí está, para mí, el corazón de la historia. Muchas empresas industriales viven una doble tensión.
Por un lado, no encuentran relevo para los perfiles más veteranos. Se van jubilando con años de experiencia y un conocimiento que nadie ha tenido tiempo de traspasar.
Por otro, hay perfiles jóvenes que sí quieren entrar en el sector. Pero les cuesta imaginarse trabajando con un Excel de los noventa, o dependiendo de un conocimiento que tienen que «adivinar» preguntando al compañero de al lado.
Digitalizar el proceso permitió convertir ese conocimiento en una herramienta accesible para todos. Los profesionales veteranos dejaron de ser el único soporte del proceso y su experiencia quedó documentada y disponible. El objetivo no era sustituir a las personas, sino preservar su conocimiento, facilitar el relevo generacional y hacer más atractivo el trabajo industrial.
Acompañamos más allá de la adopción de la IA
Tras esta historia de transformación digital, solo nos queda resolver la gran pregunta del inicio: cómo implementar inteligencia artificial en el día a día del negocio, ya sea en la fábrica, el almacén o la tienda. Cuando una empresa nos pregunta por la IA, casi nunca pregunta por la tecnología en sí. Pregunta por tres cosas:
El coste
La adaptación de la plantilla
El acompañamiento una vez implantada la solución
Nuestra experiencia, después de acompañar procesos como este, es que la respuesta casi nunca es automatizarlo todo. Es identificar dos o tres puntos de dolor muy concretos, con un responsable claro dentro de la empresa, y resolverlos uno por uno. Con un plan de desarrollo claro y visible desde el principio. Así, el proyecto deja de ser una promesa abstracta. Se convierte en un camino con etapas reconocibles, cada una justificando su propio coste.
La empresa de nuestra historia sigue siendo una empresa familiar, con su esencia, su taller y su segunda generación al frente. Lo que ha cambiado es otra cosa. Ya no tiene que cruzar los dedos cada vez que alguien clave se toma unas vacaciones. Acompañar al futuro no es solo presentar una nueva tecnología y convencer de que es lo que se necesita. Es caminar al lado de cada empresa, etapa a etapa, implementándola poco a poco.
¿Por dónde empiezo?
Si esta historia te suena, el primer paso no es comprar tecnología. Es identificar esos dos o tres puntos de dolor concretos. Si quieres que valoremos juntos una sesión de diagnóstico para encontrarlos, escribe a borja@hacemoscosas.es y tenemos una reunión exploratoria.
Si eres del sector de suministro industrial, te acompañamos al futuro el próximo 8 de octubre
Y si eres del sector de suministros industriales, puedes hacerlo en persona. El 8 de octubre estaremos en el Congreso SUMMIND con sesiones individuales de 20-30 minutos por empresa. Partiremos de la misma pregunta:
¿Esto para qué me sirve a mí?
¿Y qué me va a costar, en dinero y en dolores de cabeza?
Te acompañamos al futuro. De la mano.
👨🏻💻 ¿Hacemos Cosas?
Si estás pensando en desarrollar agentes IA en tu empresa para eliminar tareas repetitivas y que aportan poco valor, escríbeme a borja@hacemoscosas.es y vemos juntos si te podemos ayudar.
💙 ¿Te he hecho pensar?
Si todavía no estás preparado/a para poner en marcha un plan de transformación con la IA, dale a 💙 si esta reflexión de Cristina te ha hecho pensar.
🤖 Haremos crecer a nuestras empresas si dedicamos tiempo a pensar y tomar decisiones con criterio. Las tareas repetitivas se las dejaremos ya mismo a los robots
Si es que no lo hemos hecho ya…





